Carles Murillo considera que casos como el soborno de Qatar son ‘censurables y delictivos’

A 10 días para el comienzo del Mundial de Brasil, los casos de corrupción vuelven a ensuciar la polémica elección del Mundial de Qatar de 2022. Un exdirectivo de la FIFA llamado Mohammed Bin Hammam, de origen qatarí, efectuó unos supuestos pagos por valor de unos 3,7 millones de euros a 30 presidentes de asociaciones de fútbol africanos para comprar supuestamente el Mundial de 2022 para Qatar, según los documentos publicados por el periódico británico The Sunday Times. ‘En los últimos días están apareciendo noticias que relacionan el mundo del deporte con algunos escándalos como, por ejemplo, la acusación por corrupción en el proceso de asignación de la sede de la Copa del Mundo de Fútbol del año 2022 a Qatar y, en otro orden de cosas, el amaño de partidos tanto en la liga española como entre selecciones nacionales. La adulteración del resultado de una competición supone una práctica censurable y delictiva’, asegura Carles Murillo, director del Màster en Gestión del Deporte de la UPF Barcelona School of Management.

Para Carles Murillo, algunos de los valores intrínsecos al deporte quedan salpicados con esta visión negativa de la competición. ‘Las autoridades deportivas y la justicia hacen bien en aflorar estos casos con objeto de poner remedio y, dado el caso, castigar a los culpables. De todos modos, esta no es la única forma de actuación, puesto que el rigor disciplinario debe acompañarse de más información para incentivar la cultura de las buenas prácticas’. Con todo, Murillo considera que además de trabajar la sensibilización, las acciones ‘corruptas’ en el mundo del deporte no deben quedar impunes.

El propio vicepresidente de la FIFA, Jim Boyce, dijo que apoyaría celebrar una nueva votación para elegir al país anfitrión del Mundial de 2022 si se demuestra que hubo corrupción en la candidatura de Qatar.

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