Simon Culhane, presidente de CISI: “La confianza aparece cuando los clientes ven que su gestor actúa de forma profesional y ética”

En el año 2009, un año después del inicio de la crisis financiera, se creó en Londres, mediante cédula firmada por la propia reina Isabel II, el Instituto Colegiado para Valores e Inversiones (Chartered Institute for Securities and Investment – CISI). La cédula real es un privilegio reservado en Reino Unido para aquellas instituciones que trabajan por el interés público. De esta forma, el CISI se convirtió en un organismo pionero en la certificación y mantenimiento de la competencia profesional de los asesores financieros y en la promoción de la confianza en el sector financiero. Hoy, CISI otorga una certificación en asesoramiento financiero reconocida en 45 países, que acredita que las personas que superan sus exigentes exámenes realizan con excelencia el trabajo de asesoramiento financiero.

La entrada en vigor en enero de 2018 de la normativa MIFID II  ha puesto de actualidad la importancia de que los gestores de banca cuenten con una formación adecuada y demostrable. La UPF Barcelona School of Management fue pionera en España en ofrecer la posibilidad de acceder a la certificación de CISI a través de su postgrado en Asesoramiento Financiero diseñado para los empleados de CaixaBank. Hasta la fecha, más de 7.000 gestores de la entidad han conseguido el diploma de postgrado y la certificación de CISI. CaixaBank, CISI y la UPF Barcelona School of Management han renovado su acuerdo de colaboración hasta 2018 para certificar a otros 1.500 profesionales de la entidad financiera.

A raíz de su visita a Barcelona, hablamos con el presidente de CISI, Simon Culhane, un profesional bancario con una importante carrera en entidades bancarias internacionales como Deutsche Bank y Lloyds y experiencia política como miembro del gabinete del primer ministro británico en las épocas de John Major y Tony Blair.

¿Por qué la nueva regulación de asesoramiento financiero da tanta importancia a la formación?
A raíz de la crisis financiera, la sociedad ha perdido confianza en las entidades financieras. Parte del objetivo de MIFID II es elevar los estándares de profesionalidad del sector para recuperar la confianza.

¿Y cómo conseguirlo?
La profesionalidad de un empleado de banca se puede definir por tres factores: conocimientos, habilidades e integridad. Y el cliente tiene que percibir todas ellas. La confianza aparece cuando los clientes ven que su gestor está actuando de forma profesional y éticamente correcta.

¿Falta mucho para poder hablar claramente de recuperación de la confianza?
No. De hecho, ya está ocurriendo, y no lo digo solamente yo, sino también el Banco Central Europeo. De todas maneras, hay un refrán inglés que dice: “La confianza llega a pie, pero desaparece al galope”. Va a ser un proceso lento.

CISI está considerada como una de las certificaciones de formación financiera más importantes del mundo. ¿Por qué?
Principalmente, por la credibilidad y por el reconocimiento internacional. CISI es una certificación válida en 45 países, lo que significa que los empleados que disponen de ella pueden trabajar más fácilmente en otras jurisdicciones.

¿Cuál ha sido la clave para lograr esa credibilidad y destacar entre otras certificaciones sectoriales?
Uno de los secretos está en los colaboradores que nos ayudan a elaborar los exámenes y a redactar las preguntas. Contamos con el apoyo de unos 350 asesores financieros, todos ellos profesionales en activo. La mayoría son de Londres, pero cada vez más tenemos más voluntarios procedentes de otras partes del mundo.

¿Qué tiene que hacer un gestor financiero para superar la certificación CISI?
Lo mismo que en cualquier otro examen: ¡estudiar! No se trata solo de centrarse en la teoría, porque también hay una parte práctica que es necesario trabajar y que, desde el punto de vista de la nueva regulación, tiene mucha importancia.

CISI fue una organización pionera en la introducción de cuestiones éticas en la formación financiera. ¿Es posible medir la ética?
No, es muy complicado. Lo que nosotros hacemos es un cuestionario de 500 preguntas en las que pasar a la siguiente pregunta depende de la respuesta que anteriormente hayas dado. No se puede otorgar una puntuación ni un título que acredite que alguien es el más ético de todos, pero sí podemos comprobar que se entiende la diferencia entre lo que está bien y lo que no lo está.

¿Hay diferencias en cómo se entiende la ética en los distintos países?
Impartimos un seminario de ética en bancos de todo el mundo y la mayoría comprenden muy bien que es fundamental actuar con claridad y transparencia. Después, hay diferencias, que, en mi opinión, se deben a las estructuras de compensación. En Europa, un “bonus” es un plus salarial, pero, en Estados Unidos, un “bonus” es un multiplicador del sueldo, a veces por importes muy superiores al salario nominal. Este sistema hace que, a veces, se llegue al límite de la ética.

 

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