Cena anual del IDEC-Universitat Pompeu Fabra

La cena anual que el IDEC-Universitat Pompeu Fabra ofrece a los miembros de su Patronato, del Consejo de Estudios y a las empresas patrocinadoras y colaboradoras se celebró el pasado 30 de noviembre. El ponente invitado de esta edición fue el subgobernador del Banco de España, Sr. José Viñals. El acto fue presidido por el rector de la Universidad Pompeu Fabra y presidente del IDEC, Dr. Josep Joan Moreso, y tuvo lugar como es habitual en la sede del IDEC en Barcelona.

En su intervención, Viñals destacó que el proceso de modernización de nuestro país en el contexto europeo puede valorarse tanto desde la vertiente positiva como negativa. Europa está creciendo a un ritmo del 2,5% y la inflación está contenida ?a pesar de los precios de la energía- básicamente gracias a las condiciones favorables de financiación y a una destacable actividad comercial a nivel internacional. Este contexto favorece la estabilidad mundial. Sin embargo y desde otro punto de vista, este crecimiento queda muy lejos del que disfrutan otros países, como China o los Estados Unidos. Europa sufre un problema estructural endémico de crecimiento, que va más allá del aspecto económico, que abarca también los ámbitos social y político y que pone en duda su capacidad de adaptación a la globalización. Aunque existen diferentes teorías que pretenden explicar esta situación ?como la baja demografía, la preferencia de los europeos por dedicar más tiempo al ocio o las políticas monetarias excesivamente restrictivas- ninguno de estos hechos justifica la falta de crecimiento. La clave se encuentra en la escasa generación de empleo y la baja productividad. La distancia creciente en productividad respecto de los Estados Unidos no obedece al ritmo de la revolución tecnológica, similar en todas partes, sino que radica en los sectores no tecnológicos. Las empresas europeas, y en especial las del sector servicios, no han aprovechado la tecnología para cambiar sus procedimientos y sus procesos. Finalmente, la ausencia de adaptación se debe a que no se generan incentivos para que las empresas innoven.

A nivel nacional las conclusiones son las mismas. Europa debe tener una agenda de reformas, por difíciles de implantar que resulten. De otro modo, los países miembros nos jugamos el éxito de la ampliación de la Unión Europea y entra en cuestión el estado del bienestar. Existen posibilidades de futuro pero, si no entendemos los costes de no actuar, será difícil que Europa tenga cancha en el panorama mundial que se dibuja.

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