'Carmen Balcells, genio y figura' por Javier Aparicio Maydeu

Javier Aparicio Maydeu. Profesor Titular con acreditación de catedrático de Literatura Española y Literatura Comparada del Departamento de Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra. Director del Máster en Edición de la UPF Barcelona School of Management. Trabajó con Carmen Balcells durante quince años.



Carmen Balcells, genio y figura

Carmen Balcells (1930-2015). Trabajadora incansable. Estratega excepcional. Enamorada del talento, al que dedicó toda su vida. Protectora integral de sus autores, asesora literaria, económica, emocional y personal de los más grandes escritores en lengua española. Una palabra suya bastaba para sanarlos. Fue capaz de enfrentarse con dureza a los “usos y costumbres del sector editorial”, cambiar la ley y evitar que el talento quedase retenido o sin difusión por trabas legales y actitudes indolentes o perjudiciales para el autor. Profesionalizó y activó el sector del libro en español con su energía inagotable y su talante siempre proactivo. Logró ceder derechos de autores en lengua española, o catalana y portuguesa, a casi todos los idiomas, inyectando nuestra literatura en el mercado internacional, para siempre. Imprevisible, su cerebro funcionó siempre a muchos gigahercios, y su velocidad convertía la agencia que creó en un circo de varias pistas. Lectora intuitiva a la que no se le escapaba el menor detalle, era una auténtica zahorí del talento, y luchaba por él transmitiendo su entusiasmo incluso al editor más gélido del mundo. Decía siempre que no había que hacer las cosas “como se han hecho siempre” porque fue una adelantada a su tiempo. Creó un modelo de negocio, creó el oficio de agente fuera del mundo anglosajón. Negociaba con una dureza que contrarrestaba con su glamour personal. Cálida y gélida (prodigio de la naturaleza); arisca y afectuosa. Fulminaba con la mirada o reía sin tregua. Ironía y humor a raudales. Sí, hubo gente que le tenía miedo, pero muchos otros disfrutaban de su talante cosmopolita. No se apropiaba de los aciertos de su equipo, pero compartía sus errores. Decía no ser sino una secretaria espabilada, pero fue un genio (y figura), y los genios no acostumbran a generar sucesores; los genios, genios son. Carmen es irrepetible. Y una pieza esencial del puzle de la historia de la edición internacional contemporánea.


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